El silencio es el verdadero peligro

Un sensor que da un valor equivocado se detecta. Un sensor que ya no da nada no se detecta, y eso es mucho peor, porque uno sigue creyendo que está vigilado.

Cómo se nota

Tres señales, en este orden. En el parque, la hora de la última medición que deja de avanzar. En la curva, un blanco que se instala por la derecha. Y sobre todo: una alarma específica, porque un sensor callado merece un aviso igual que un umbral superado.

Es una regla de pleno derecho, y Cybelia la configura en la instalación: «cuando este sensor no haya enviado nada durante tres horas, abre una alarma». El plazo depende del ritmo normal del sensor: un contador eléctrico que habla cada minuto y un higrómetro que habla cada cuarto de hora no tienen la misma paciencia.

Compruebe que cada sensor importante tiene una regla de silencio. Si solo va a hacerle una pregunta a Cybelia, haga esa. Sin ella, una pila agotada le deja ciego sin un solo mensaje.

Las causas, de la más frecuente a la más rara

La pila, en la gran mayoría de los casos. Después, que el sensor se haya movido: alguien lo descolgó para pintar, o una carretilla lo golpeó, y ha quedado detrás de una masa metálica que corta la radio. Luego la pasarela: si todos los sensores de un centro se callan a la vez, no son ellos, es ella; compruebe que está encendida y que la red funciona. Por último, y en raras ocasiones, el propio sensor, que se sustituye.

Lo que usted tiene que hacer

Nada técnico. Comuníquelo, indicando si es un sensor o varios: es el dato que más tiempo ahorra al soporte. Mientras tanto, el historial ya registrado sigue intacto: un sensor mudo no hace perder las mediciones anteriores.

En conclusión

Un sensor mudo es más peligroso que uno que se equivoca, porque uno sigue creyéndose vigilado. Por eso el silencio dispara una alarma igual que la superación de un umbral.

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