Tres niveles, no treinta

Esta pantalla responde a una pregunta sencilla: quién puede ver qué y quién puede cambiar qué.

Quién recibe las alarmas y quién puede modificar las reglas.

Tres niveles, no treinta

Lectura. Se consultan sensores, curvas y paneles. No se modifica nada. Es el nivel de Tom, y es el nivel adecuado para la mayoría.

Explotación. Lectura, más hacerse cargo de las alarmas y componer paneles. Es el nivel de Yanis y de Farida: usan la herramienta a diario.

Administración. Todo lo anterior, más las reglas, los umbrales y los usuarios. Es el nivel de Camille y de Cybelia Cloud. Se da a una o dos personas, no a diez.

Cada empresa en su casa

Su espacio está separado. Sus sensores, sus reglas, sus usuarios y sus mediciones existen solo para usted: ninguna otra empresa alojada por Cybelia Cloud puede verlos, ni usted ve los suyos. No es un ajuste que alguien pueda desactivar sin querer: es la forma en que está construida la herramienta.

Dar menos permisos no es desconfianza. Protege a la persona: no se le puede acusar de haber borrado algo que nunca tuvo derecho a tocar. Todos salen ganando, empezando por el aprendiz.

Cuando alguien llega o se va

Llega alguien: se crea la cuenta, se elige el nivel y recibe un correo para definir su contraseña. Se va alguien: se desactiva la cuenta, no se borra. Una cuenta desactivada ya no puede conectarse, pero su nombre sigue legible en el historial de las alarmas que atendió; de lo contrario el historial se vuelve incomprensible.

La pantalla que no hay que olvidar

Repase esta lista una vez al año, o tras cada movimiento de personal. Una cuenta que sigue ahí tres años después de una salida es de esos detalles que no molestan a nadie hasta el día en que molestan mucho.

En conclusión

Lectura para quien mira, escritura para quien ajusta, administración para quien decide. Dé el nivel más pequeño que permita trabajar; siempre se puede añadir.

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